En torno a R. Marín. Incógnitas.

Con respecto a la fase de documentación sobre el nuevo proyecto que nos aborda -intervención pedagógica- me he visto en posibilidad -obligada- de comenzar con lecturas que yo llamo “de fondo”
Es así como me introduzco en el texto de Marín y sus descriptivas fórmulas pedagógicas en educación artística.
Se puede decir que ha sido como matar dos pájaros de un tiro y es que vengo a toparme nuevamente con las teorías de Lowenfeld y su denomidada autoexpresión creativa.

Este pequeño y escorzado análisis sobre las distintas pautas de enseñanza artística hace de “colchoneta” para algunas preguntas, tales como:
¿Alguna forma de educación además de innovadora ha resultado satisfactoriamente fructífera?
¿Qué requisitos son indispensables para el educando y una buena pauta de su educación?
¿Es la educación artística el núcleo de nuestro aprendizaje y un medio eficaz para el desarrollo y estudio del resto de materias?

Aunque tan sólo me veo en posición de suponer y nunca de afirmar, la lectura de Marín ha sido como empezar a ordenar conceptos que flotaban en mi cabeza.

Desde el tradicional academicismo hasta las libres teorías de Lowenfeld matizadas por la DBAE me encuentro con una total resignación ante el posicionamiento de cualquiera de los sistemas de enseñanza que aquí se exponen, y es que aún no hemos encontrado un sistema apropiado y que se adecue por completo al alumnado -y con esto no creo haber descubierto el mundo- mucho menos con las nuevas formas de gobierno centradas en convertir todo sistema de enseñanza en capital, donde el alumnado pasa a considerarse número. Esta visión de la masa antepuesta al individualismo tan hoy impuesto incluso en nuestras universidades, hace de toda educación un pobre resultado adornado con párrafos de 30 líneas bautizados como “programa escolar”

Aunque defiendo la enseñanza teórico-práctica de la técnica en la educación artística, es evidente que anterior a ese tipo de educación -más rígida- debe existir un encuentro del alumno con la experiencia perceptiva de su entorno, donde su entorno se encuentra potencialmente relacionado con la estética, la imagen y los medios de difusión -que primordialmente usan la imagen como puente/medio- esta experiencia debe verse estimulada y reforzada con conceptos de nivel medio. Cultura general, en otras palabras.

No todos los días pueden formarse artistas, mucho menos en enseñanzas no especializadas, pero sí podemos formar individuos sensibles ante la experiencia artística. Alumnos con una potente capacidad de observación, fomentar que éstos proyecten sus ideas y las materialicen con los recursos que tienen a su disposición. Es la creatividad -a mi modo de verlo- una cualidad indispensable para la supervivencia.
La creatividad no es innata -creo que en el texto se hacía referencia a esto- y por ello, debe estimularse su desarrollo y engrandecimiento.
Esto puede permitirlo la educación artística, si bien el fin no es formar grandes artistas o incluso mediocres, sí se puede fomentar una actitud receptiva y perceptiva del entorno y de la experiencia artística.

Pero claro, seguimos siendo número en lugar de individuos, supongamos que todo esto pasara de ser un planteamiento idílico a convertirse en una porción de nuestra realidad…

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